La Costa Amalfitana

Travel

Aterrizando en Nápoles desde Barcelona

Llegamos al Aeropuerto de Nápoles una tarde de septiembre de 2017, recogimos las maletas, la silla de mi hijo (menos mal que decidimos llevarla), un elevador de coche que nos habían dejado y cargados a más no poder nos dirigimos en un pequeño bus a la zona donde se encuentran las empresas de alquiler de coches.

Aunque en principio había seleccionado el coche más económico, un Fiat 500, no tardamos ni un segundo en darnos cuenta del error. Lo admito, mea culpa... un road trip largo con un maletero pequeño y un niño es un disparate, o como mínimo una experiencia muy retro e incómoda, así que decidimos cambiar la reserva por un Fiat Tipo azul marino y encantados. Era prácticamente nuevo, ideal para nosotros, lo que no sabíamos es que nos tenía incluso que dar suerte como si de un amuleto se tratara, en serio, si lo llego a saber me llevo una cinta de la Virgen del Pilar...

Colaboración

Autor

Fecha

16 Sept 2017

Proyecto

Fotografía de viaje

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Un motivo para volver

Desde allí nos dirigimos al lugar donde íbamos a pasar la noche en Sorrento. Es difícil mantener la vista en la carretera mientras recorres ese serpenteante y vertiginoso paisaje. Los acantilados verticales se funden con nuestro querido Mar Mediterráneo, mientras que el litoral se encuentra decorado por una hilera de pueblos marítimos entre olivares, limoneros*, pinos y robles.

No tuvimos tiempo de visitar Positano, un gran motivo para querer volver. Afortunadamente este pueblo de postal colgado en los acantilados está cerrado al tráfico, otro gran motivo para querer volver concretamente a él, eso sí, estaría genial llegar en barco desde Sicilia o desde donde sea y disfrutar de nuevo de esta zona pero sin tener que arriesgar el tipo. Es un sueño para los tiempos venideros poder fotografiar la maraña de casas encaladas de pescadores en tonos pastel que se distribuyen por sus calles laberínticas hacia la única zona del pueblo llana, la playa.

Fotografiando el Vesubio y un molino abandonado

Al llegar a Sorrento lo primero que nos llamó la atención fue el espíritu belle époque y el lujo de antaño que perdura todavía en sus impresionantes hoteles. Nuestro alojamiento del primer día no fue ninguno de ellos, fue más bien un fiasco, es seguramente el sitio más peligroso en el que he dormido en mi vida, la bienvenida a nuestro viaje estaba en sintonía en todo momento, con el alma en vilo constantemente. Desde allí pudimos ver el Vesubio, y alguna otra joya oculta que me regalo unos escasos minutos sombríos para poder tomar una escena sin sol que reflejaba exactamente lo que yo sentía hacia este rincón olvidado, el abandono, la penumbra y la fuerza de la naturaleza.

Y tras fotografiar la Costa Amalfitana nada mejor que disfrutar de la mejor y más fresca mozzarella di bufala y un limoncello

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